Mamá
por Rita López Limón
PSICOTERAPEUTA
La palabra mamá, tan corta pero tan llena de significados.
De bebé, no me di cuenta como pasó, pero aprendí a decir la palabra mamá.
Era muy útil porque recibía, leche, me cargaban, me paseaban además de recibir miradas con cariño.
En la niñez, la palabra mamá, empezó a tener otros matices, si me caía, decía mamá, y tenía junto a mí a un ser que me abrazaba, me consolaba, me curaba, y me atendía.
Cuando la oscuridad de mi cuarto me abrumaba, decir mamá, resultaba tranquilizador,
Que llegara, me abrazara, se quedar conmigo mientras me calmaba.
Sin darme cuenta, mamá se convirtió en un ser que veía y escuchaba todo, que sabía todas las respuestas y que cuando uno no hacía “lo que se tiene que hacer”, mamá se podía enojar y eso no era agradable para nadie.
Al despertar, al asearme, al desayunar, para llevarme y regresar de la escuela, mamá estaba ahí, en la comida, en la tarde, a la hora de recoger el tiradero par llegar a la cena, lavarse los dientes, contarnos un cuento y a dormir.
Con sólo ver su mirada, sabía si tenía o no permiso de hacer tal o cual cosa.
Sentimientos encontrados cada vez que había crema de espinacas, surgían dentro de mí
Cuando me obligaba “por mi bien” a tomarme esa sopa…… que para colmo ¡Era por mi bien!, lo mismo al recoger el tiradero, pelear con los hermanos y volver hacer la tarea porque la tenía que pasar en limpio. ¡Uf!
Cuando me quería enseñar a leer, yo me aprendía todo de memoria: Ese oso, se asea….
Y al final ¡Así es su oso! Jajaja, me cambiaba de orden los renglones y me cachaba, jajaja.
Para hacer la primera comunión, todos los días, nos llevaban a catecismo, y después se sentaba con todos a “repasar”, era una tortura, así que recitaba todo y salía corriendo a jugar.
En la adolescencia, mamá, parecía detective, siempre sabía cuando estaba triste y algo me pasaba, y era insistente hasta que le platicaba, y de manera irremediable se me salían las lágrimas con las situaciones que no comprendía y ella, no paraba de preguntarme hasta que hubiera transformado esa situación.
Siempre me decía que el amor vencía todo, que todo pasaría y que Dios siempre estaba conmigo.
Cuando fui mamá, estuvo a mi lado, enseñándome a cargar a un bebé, alimentarlo, a cuidarlo, a ser suave y a disfrutar de mis hijos.
Con ella podía desahogarme cuando yo sentía que no podía, metía a Dios para todo, me decía que orara, que sacara fuerzas de flaqueza, que yo podía, que también esto pasaría.
Un día ella se fue, cuando estuve frente su ataúd, me di cuenta que ella me había llenado el alma y el corazón de amor, y que no faltaron palabras que decirnos porque todo nos lo habíamos dicho.
Ella tenía un lema, que aprendió de su amiga Ana María Rabatté: ¡En vida hermano en vida, no llenes de flores los panteones llena de amor los corazones!
Y así ha sido. Me enseñó a no quedarme con un te quiero en mi corazón. A recorrer todas las distancias que fueran necesarias para decir ¡Te amo!
Cuando llegaron mis nietos, ella está presente, en mis actos, en mis palabras, en la continuidad de lo que me enseñó.
La capacidad de apreciar los momentos, los instantes, a tocar con amor con las manos y con los ojos, a guisar rico y tener todo ordenado.
Cuando me veo que mis hijos han ido tomando sus caminos, sus elecciones, la casa camina y todo está en su sitio, el tiempo que me tomo para arreglarme y estar presentable
Aunque no salga a ningún lado, veo sus miradas de amor y me confirman que estoy en lo correcto.
Al ser abuela, es grandioso, tener un cúmulo de recetas, a las cuales puedo recurrir, porque las aprendí de mi mamá y de mi abuela.
Cuando veo que Andrea mi nieta mayor, llega a mi casa, como camina segura, se sabe aceptada, sabe que tiene un lugar, que está protegida, siento, el compromiso de cuidarme y cuidar de mis modales, porque ella me observa en todo. Lo mismo ni nieto Eric, hablan dos idiomas, y él llega a casa, tomando todo lo que hay para él, se incluye en todos los planes, en todos los juegos, si nos sentamos a jugar a la mesa, él se sienta como si estuviera jugando, con toda su energía, nos seduce incluyéndose en todo.
Es una alegría también ahora ver a mi hija ser mamá, aunque no le gustan las “terapia” aplica todo lo que aprendió, los límites claros, la firmeza, la dulzura y cuando se desespera, sabe que en mí encuentra un sitio seguro en donde puede nutrirse, descansar y continuar su camino.
Cada uno de mis hijos me ha dado una lección, Rita me enseñó la ternura y la dulzura,
Guillermo Enrique a no rendirme, Joshua a reírme del miedo diciéndome que si puedo.
Han sido espuelas para sacar las fuerzas de la flaqueza que decía mi madre, para transformar las historias de cada uno. Mamá, es una palabra que en mi historia ha sido generadora de vida y amor. ¡Todo se peude aprender!
Asesoramiento y sugerencia de temas al teléfono 8-12-09-61, celular 228-146-65-93 o al correo electrónico:
encoincidencia@hotmail.com,
Blog: www.caricaturistaneftali.blogspot.com
por Rita López Limón
PSICOTERAPEUTA
La palabra mamá, tan corta pero tan llena de significados.
De bebé, no me di cuenta como pasó, pero aprendí a decir la palabra mamá.
Era muy útil porque recibía, leche, me cargaban, me paseaban además de recibir miradas con cariño.
En la niñez, la palabra mamá, empezó a tener otros matices, si me caía, decía mamá, y tenía junto a mí a un ser que me abrazaba, me consolaba, me curaba, y me atendía.
Cuando la oscuridad de mi cuarto me abrumaba, decir mamá, resultaba tranquilizador,
Que llegara, me abrazara, se quedar conmigo mientras me calmaba.
Sin darme cuenta, mamá se convirtió en un ser que veía y escuchaba todo, que sabía todas las respuestas y que cuando uno no hacía “lo que se tiene que hacer”, mamá se podía enojar y eso no era agradable para nadie.
Al despertar, al asearme, al desayunar, para llevarme y regresar de la escuela, mamá estaba ahí, en la comida, en la tarde, a la hora de recoger el tiradero par llegar a la cena, lavarse los dientes, contarnos un cuento y a dormir.
Con sólo ver su mirada, sabía si tenía o no permiso de hacer tal o cual cosa.
Sentimientos encontrados cada vez que había crema de espinacas, surgían dentro de mí
Cuando me obligaba “por mi bien” a tomarme esa sopa…… que para colmo ¡Era por mi bien!, lo mismo al recoger el tiradero, pelear con los hermanos y volver hacer la tarea porque la tenía que pasar en limpio. ¡Uf!
Cuando me quería enseñar a leer, yo me aprendía todo de memoria: Ese oso, se asea….
Y al final ¡Así es su oso! Jajaja, me cambiaba de orden los renglones y me cachaba, jajaja.
Para hacer la primera comunión, todos los días, nos llevaban a catecismo, y después se sentaba con todos a “repasar”, era una tortura, así que recitaba todo y salía corriendo a jugar.
En la adolescencia, mamá, parecía detective, siempre sabía cuando estaba triste y algo me pasaba, y era insistente hasta que le platicaba, y de manera irremediable se me salían las lágrimas con las situaciones que no comprendía y ella, no paraba de preguntarme hasta que hubiera transformado esa situación.
Siempre me decía que el amor vencía todo, que todo pasaría y que Dios siempre estaba conmigo.
Cuando fui mamá, estuvo a mi lado, enseñándome a cargar a un bebé, alimentarlo, a cuidarlo, a ser suave y a disfrutar de mis hijos.
Con ella podía desahogarme cuando yo sentía que no podía, metía a Dios para todo, me decía que orara, que sacara fuerzas de flaqueza, que yo podía, que también esto pasaría.
Un día ella se fue, cuando estuve frente su ataúd, me di cuenta que ella me había llenado el alma y el corazón de amor, y que no faltaron palabras que decirnos porque todo nos lo habíamos dicho.
Ella tenía un lema, que aprendió de su amiga Ana María Rabatté: ¡En vida hermano en vida, no llenes de flores los panteones llena de amor los corazones!
Y así ha sido. Me enseñó a no quedarme con un te quiero en mi corazón. A recorrer todas las distancias que fueran necesarias para decir ¡Te amo!
Cuando llegaron mis nietos, ella está presente, en mis actos, en mis palabras, en la continuidad de lo que me enseñó.
La capacidad de apreciar los momentos, los instantes, a tocar con amor con las manos y con los ojos, a guisar rico y tener todo ordenado.
Cuando me veo que mis hijos han ido tomando sus caminos, sus elecciones, la casa camina y todo está en su sitio, el tiempo que me tomo para arreglarme y estar presentable
Aunque no salga a ningún lado, veo sus miradas de amor y me confirman que estoy en lo correcto.
Al ser abuela, es grandioso, tener un cúmulo de recetas, a las cuales puedo recurrir, porque las aprendí de mi mamá y de mi abuela.
Cuando veo que Andrea mi nieta mayor, llega a mi casa, como camina segura, se sabe aceptada, sabe que tiene un lugar, que está protegida, siento, el compromiso de cuidarme y cuidar de mis modales, porque ella me observa en todo. Lo mismo ni nieto Eric, hablan dos idiomas, y él llega a casa, tomando todo lo que hay para él, se incluye en todos los planes, en todos los juegos, si nos sentamos a jugar a la mesa, él se sienta como si estuviera jugando, con toda su energía, nos seduce incluyéndose en todo.
Es una alegría también ahora ver a mi hija ser mamá, aunque no le gustan las “terapia” aplica todo lo que aprendió, los límites claros, la firmeza, la dulzura y cuando se desespera, sabe que en mí encuentra un sitio seguro en donde puede nutrirse, descansar y continuar su camino.
Cada uno de mis hijos me ha dado una lección, Rita me enseñó la ternura y la dulzura,
Guillermo Enrique a no rendirme, Joshua a reírme del miedo diciéndome que si puedo.
Han sido espuelas para sacar las fuerzas de la flaqueza que decía mi madre, para transformar las historias de cada uno. Mamá, es una palabra que en mi historia ha sido generadora de vida y amor. ¡Todo se peude aprender!
Asesoramiento y sugerencia de temas al teléfono 8-12-09-61, celular 228-146-65-93 o al correo electrónico:
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LOS FRIJOLES DE ABU
por Rita López Limón
PSICOTERAPEUTA
De los regalos que me da la vida, es la visita de mi hija, mis hermanas y mi familia.
Cuando nos reunimos, evocamos a los que ya no están y nos enseñaron a reunirnos.
No cualquiera hace una buena fiesta, puedes tener la mejor comida, la mejor música, pero si no tienes el elemento del amor, la alegría para convocar, las reuniones no fluyen.
Sin palabras, mis papás nos enseñaron eso, había que limpiar la plata, limpiar las ventanas, ¡los focos! (Eso se me hacía una exageración de niña, pero realmente es relevante), ver a mi papá ir a la plaza, con su marchante, llegar cargado de cosas, limpiar, barrer, sacudir, todo mundo arreglarse, perfumarse, para que a la hora de la llegada de los invitados, todo estuviera listo.
Cuando guisaba mi mamá, ella era muy estricta en el tiempo de hacer las cosas, de usar el colador chino para hacer el puré, que el ajo y la cebolla transparente para el arroz, tener siempre salsa roja, verde, chile seco. Y a la hora de servir que todo estuviera bien caliente.
Mi papá le encantaba mas el show, ya fuera mole o paella, el se ponía su delantal, y guisaba en lo que venían llegando los invitados, y le encantaba, bromear, platicar mientras el guisaba y todos compartíamos.
Con los años, cada uno de los hijos fue a estudiar fuera, o se casó, cuando regresábamos a la casa paterna, la comida era una manera de darnos confort y arraigo, para unos era: ¡Tacos por favor! Otros Gorditas de todos los tipos y todas las salsas, Queso Relleno, Milanesas con puré de papas, sentarnos a la mesa y esos sabores nos nutrían el cuerpo, la mente y el alma.
Así cuando llega mi hija, es lo mismo, arroz verde con rajas y queso, jajajaja, me río porque a mí no me salía eso y mi tía o mi mamá, se lo guisaban cosa que a me facilitaba las cosas, y un día quise esforzarme y hacerlo, la inexperiencia, me hizo comprar unos tomates verdes amarillos y el arroz se sabía muy rico pero se veía amarillo, y cuando mi hija se asoma a la cacerola, me dice ¡Eso no es arroz verde!, se va a lavar las manos y para no quedarme atrás de mi mamá y mi tía, le puse colorante vegetal verde, así que serví el mentado arroz verde y ¡Verde verde bandera! Jajaja.
Ahora con los nietos, me anticipé a tener de todo lo comible por infantes gringos, harina de hot cakes, jugo de manzana, leche, chiken nuguetts, cereales, blanquillos, tortillas y unos buenos frijoles, además saltas roja y salsa verde.
A mis hijos les encanta que les haga unas tortillas grandes con salsa frijoles y queso de hebra derretido, así que mis nietos Eric de 2 y Andrea de 4, es lo primero que probaron, mi pregunta es ¿Qué les habrá gustado más? ¿Los frijoles?, jajaja, yo creo que es todo, porque la cara de cada uno de mis hijos, esperando que salga su tortilla, que a cada uno le gusta de diferente manera, que cuando ellos recibieron las suyas, parecía una borrachera.
Pasando los días, cuando les preguntabas ¿Qué quieres de desayunar? Sus voces gritaban, ¡Frijoles de Abu! Como estuvieron tres semanas, se dieron cuenta de mi “secreto”, que consiste en escoger el frijol “Jamapa”, limpiarlo, lavarlo y ponerlo a remojar toda la noche, al día siguiente ponerlos en la olla exprés, y guisarlos con una cebolla acitronada, dejarlos hervir, aplastarlos un poco, para que tomen la consistencia que les gusta.
Todo esto, es importante hacerlo con ganas, con tiempo, con ritmo y sin interrupciones. Cuando pones todo tu amor, tu intento en hacerlo, la comida se va impregnando de un aroma, de un sabor muy diferente y al servirlo, cambia el estado de ánimo de las personas.
Escuchar a mis nietos cuando su mami les pregunta ¿Qué desayunamos hoy? Les da opciones y antes de que termine de hablar ellos dicen ¡Frijoles de Abu!
De la misma manera se puede cocinar la vida, cuando pones tu mejor intento, te tomas tu tiempo para “cocinar” un evento, es necesario que te anticipes a lo que va a suceder, tengas medido tu tiempo para hacerlo, procures hasta el más mí niño detalle, elijas escoger lo mejor, no sólo si tienes que comprar algo que quieras compartir, sino de igual manera puedes elegir que salga lo mejor de ti para compartir.
Cuando te conectas contigo y con esas ganas de crear para compartir algo, ya sea caminar y dar la vuelta al parque, tomar una taza de café, haciendo de los momentos algo especial, el tiempo deja de existir, haciendo que esos momentos se queden grabados para siempre.
Así que esto también se puede aprender, puedes elegir cuando menos un día a la semana, y poner tu mejor vajilla, preparar lo que más te gusta y guisarlo para ese alguien especial, ya que esté listo, te sientas en el mejor lugar, como ese ser especial que merece lo mejor.
Tratarte a ti misma como la visita que esperas, ser tu propia invitada especial cuando menos una vez a la semana, llenará tu corazón y tu lama, de muchos momentos que evocar, y te creará una energía para atraer ese mismo trato de los demás para ti, ya que si eres amable contigo, la vida se vuelve amable contigo también.
Entonces, cuando después de un tiempo, alguien te invite unas “varonitas”, respires, sonrías y puedas decir: ¡No gracias! “Han de es estar sabrosas la varonitas, no lo dudo, pero me he dado tanto que ¡Estoy satisfecha!
Si estás buscando una pareja, esta receta es infalible, ¡Llévate al cine!, ¡Llévate a todos los lugares que te gustaría que una pareja te llevara! ¡Trátate a ti misma con respeto, honor, paciencia, alegría y amor! Así sin darte cuenta, sin hacer más esfuerzo, lo que s tuyo y te corresponde llegará…… ¡Todo se puede aprender!
Asesoramiento y sugerencia de temas al teléfono 1861214, celular 228-146-65-93 o al correo electrónico:
encoincidencia@hotmail.com, martes a partir de las 10:00 am. www.radioraiz.org.
Blog: www.caricaturistaneftali.blogspot.com
por Rita López Limón
PSICOTERAPEUTA
De los regalos que me da la vida, es la visita de mi hija, mis hermanas y mi familia.
Cuando nos reunimos, evocamos a los que ya no están y nos enseñaron a reunirnos.
No cualquiera hace una buena fiesta, puedes tener la mejor comida, la mejor música, pero si no tienes el elemento del amor, la alegría para convocar, las reuniones no fluyen.
Sin palabras, mis papás nos enseñaron eso, había que limpiar la plata, limpiar las ventanas, ¡los focos! (Eso se me hacía una exageración de niña, pero realmente es relevante), ver a mi papá ir a la plaza, con su marchante, llegar cargado de cosas, limpiar, barrer, sacudir, todo mundo arreglarse, perfumarse, para que a la hora de la llegada de los invitados, todo estuviera listo.
Cuando guisaba mi mamá, ella era muy estricta en el tiempo de hacer las cosas, de usar el colador chino para hacer el puré, que el ajo y la cebolla transparente para el arroz, tener siempre salsa roja, verde, chile seco. Y a la hora de servir que todo estuviera bien caliente.
Mi papá le encantaba mas el show, ya fuera mole o paella, el se ponía su delantal, y guisaba en lo que venían llegando los invitados, y le encantaba, bromear, platicar mientras el guisaba y todos compartíamos.
Con los años, cada uno de los hijos fue a estudiar fuera, o se casó, cuando regresábamos a la casa paterna, la comida era una manera de darnos confort y arraigo, para unos era: ¡Tacos por favor! Otros Gorditas de todos los tipos y todas las salsas, Queso Relleno, Milanesas con puré de papas, sentarnos a la mesa y esos sabores nos nutrían el cuerpo, la mente y el alma.
Así cuando llega mi hija, es lo mismo, arroz verde con rajas y queso, jajajaja, me río porque a mí no me salía eso y mi tía o mi mamá, se lo guisaban cosa que a me facilitaba las cosas, y un día quise esforzarme y hacerlo, la inexperiencia, me hizo comprar unos tomates verdes amarillos y el arroz se sabía muy rico pero se veía amarillo, y cuando mi hija se asoma a la cacerola, me dice ¡Eso no es arroz verde!, se va a lavar las manos y para no quedarme atrás de mi mamá y mi tía, le puse colorante vegetal verde, así que serví el mentado arroz verde y ¡Verde verde bandera! Jajaja.
Ahora con los nietos, me anticipé a tener de todo lo comible por infantes gringos, harina de hot cakes, jugo de manzana, leche, chiken nuguetts, cereales, blanquillos, tortillas y unos buenos frijoles, además saltas roja y salsa verde.
A mis hijos les encanta que les haga unas tortillas grandes con salsa frijoles y queso de hebra derretido, así que mis nietos Eric de 2 y Andrea de 4, es lo primero que probaron, mi pregunta es ¿Qué les habrá gustado más? ¿Los frijoles?, jajaja, yo creo que es todo, porque la cara de cada uno de mis hijos, esperando que salga su tortilla, que a cada uno le gusta de diferente manera, que cuando ellos recibieron las suyas, parecía una borrachera.
Pasando los días, cuando les preguntabas ¿Qué quieres de desayunar? Sus voces gritaban, ¡Frijoles de Abu! Como estuvieron tres semanas, se dieron cuenta de mi “secreto”, que consiste en escoger el frijol “Jamapa”, limpiarlo, lavarlo y ponerlo a remojar toda la noche, al día siguiente ponerlos en la olla exprés, y guisarlos con una cebolla acitronada, dejarlos hervir, aplastarlos un poco, para que tomen la consistencia que les gusta.
Todo esto, es importante hacerlo con ganas, con tiempo, con ritmo y sin interrupciones. Cuando pones todo tu amor, tu intento en hacerlo, la comida se va impregnando de un aroma, de un sabor muy diferente y al servirlo, cambia el estado de ánimo de las personas.
Escuchar a mis nietos cuando su mami les pregunta ¿Qué desayunamos hoy? Les da opciones y antes de que termine de hablar ellos dicen ¡Frijoles de Abu!
De la misma manera se puede cocinar la vida, cuando pones tu mejor intento, te tomas tu tiempo para “cocinar” un evento, es necesario que te anticipes a lo que va a suceder, tengas medido tu tiempo para hacerlo, procures hasta el más mí niño detalle, elijas escoger lo mejor, no sólo si tienes que comprar algo que quieras compartir, sino de igual manera puedes elegir que salga lo mejor de ti para compartir.
Cuando te conectas contigo y con esas ganas de crear para compartir algo, ya sea caminar y dar la vuelta al parque, tomar una taza de café, haciendo de los momentos algo especial, el tiempo deja de existir, haciendo que esos momentos se queden grabados para siempre.
Así que esto también se puede aprender, puedes elegir cuando menos un día a la semana, y poner tu mejor vajilla, preparar lo que más te gusta y guisarlo para ese alguien especial, ya que esté listo, te sientas en el mejor lugar, como ese ser especial que merece lo mejor.
Tratarte a ti misma como la visita que esperas, ser tu propia invitada especial cuando menos una vez a la semana, llenará tu corazón y tu lama, de muchos momentos que evocar, y te creará una energía para atraer ese mismo trato de los demás para ti, ya que si eres amable contigo, la vida se vuelve amable contigo también.
Entonces, cuando después de un tiempo, alguien te invite unas “varonitas”, respires, sonrías y puedas decir: ¡No gracias! “Han de es estar sabrosas la varonitas, no lo dudo, pero me he dado tanto que ¡Estoy satisfecha!
Si estás buscando una pareja, esta receta es infalible, ¡Llévate al cine!, ¡Llévate a todos los lugares que te gustaría que una pareja te llevara! ¡Trátate a ti misma con respeto, honor, paciencia, alegría y amor! Así sin darte cuenta, sin hacer más esfuerzo, lo que s tuyo y te corresponde llegará…… ¡Todo se puede aprender!
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encoincidencia@hotmail.com, martes a partir de las 10:00 am. www.radioraiz.org.
Blog: www.caricaturistaneftali.blogspot.com
Amor En tiempos de influenza
Miedo, incertidumbre, distracción, todo se pospuesto y ¿Qué hacemos con eso?
Cuando los pescadores no pueden pescar, dedican un tiempo, para preparar sus
redes para la siguiente pesca.
Forzados a quedarnos en casa y ver lo que por hacer y hacer, va quedando pendiente. Así que no hay más remedio que poner manos a la obra.
La relación con mi casa, mis cosas, los hijos, la pareja, establecer contacto y comunicación real, apoyándose unos a otros, para no perder el equilibrio.
Tiempo de estar contigo, de poner todo tu intento y tu alma, a confiar, creer, y hacer de este tiempo algo bueno para cada quién.
Actos congruentes, cuidar lo que se tiene, utilizar la creatividad para construir y hacer bloques que sirvan para continuar lo que se está posponiendo.
Tiempo de cuidar los recursos, de encontrar la capacidad de aprecio para agradecer lo que se tiene.
Si todo está detenido, no te detengas tú, ponte atento, alerta, ábrete a la vida, toma decisiones que te favorezcan, construye, crea, has ejercicio, respira, busca la alegría hasta debajo de la cama si es preciso, en algún lado aparecerá.
Focaliza tu mente en situaciones que puedas hacer para beneficiarte a ti y a todos.
Cuando sales afuera, sonríe, ve a los ojos a la gente, respira, y no te congeles, si te pones a brillar, otros también lo harán.
Cuando eliges creer en ti y en los demás, no significas que seas un iluso, sino que simplemente, es necesario subir la frecuencia de los pensamientos, elevarnos para
transformar el miedo en oportunidad, hablando y actuando con fe, es mejor que congelarse con el miedo.
Determinación, orden disciplina, límites claros, comunicación real, es lo que nos hace falta.
Si existe desconfianza en las autoridades, en el mundo, ¡Es momento de hacer algo al respecto! ¿Qué es lo que depende de ti? ¿Qué haces con la desconfianza? Puedes levantar tu voz, puedes empezar contigo y con tu casa, tu colonia, tu ciudad y con tu país. ¿Qué aportas tú para que esto esté sucediendo? Quejarse no soluciona nada, ni mucho menos esparcir rumores que no estén comprobados.
Participa, opina, aporta posibilidades, actúa conforme a lo que crees, habla, escribe,
¿Qué sugieres? ¿Tienes alguna solución? Si no vas a hacer nada al respecto, cuando menos guarda silencio y no compartas tu miedo y tu desolación con nadie, eso no te sirve a ti ni a nadie.
Lo que si hace falta es mantenerse unidos, resolver y poner cada uno su parte para que las cosas funcionen para bien tuyo y el de todos. ¡Todo se puede aprender!11111111111
Asesoramiento y sugerencia de temas al teléfono 8-12-09-61, celular 228-146-65-93 o al correo electrónico:
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Miedo, incertidumbre, distracción, todo se pospuesto y ¿Qué hacemos con eso?
Cuando los pescadores no pueden pescar, dedican un tiempo, para preparar sus
redes para la siguiente pesca.
Forzados a quedarnos en casa y ver lo que por hacer y hacer, va quedando pendiente. Así que no hay más remedio que poner manos a la obra.
La relación con mi casa, mis cosas, los hijos, la pareja, establecer contacto y comunicación real, apoyándose unos a otros, para no perder el equilibrio.
Tiempo de estar contigo, de poner todo tu intento y tu alma, a confiar, creer, y hacer de este tiempo algo bueno para cada quién.
Actos congruentes, cuidar lo que se tiene, utilizar la creatividad para construir y hacer bloques que sirvan para continuar lo que se está posponiendo.
Tiempo de cuidar los recursos, de encontrar la capacidad de aprecio para agradecer lo que se tiene.
Si todo está detenido, no te detengas tú, ponte atento, alerta, ábrete a la vida, toma decisiones que te favorezcan, construye, crea, has ejercicio, respira, busca la alegría hasta debajo de la cama si es preciso, en algún lado aparecerá.
Focaliza tu mente en situaciones que puedas hacer para beneficiarte a ti y a todos.
Cuando sales afuera, sonríe, ve a los ojos a la gente, respira, y no te congeles, si te pones a brillar, otros también lo harán.
Cuando eliges creer en ti y en los demás, no significas que seas un iluso, sino que simplemente, es necesario subir la frecuencia de los pensamientos, elevarnos para
transformar el miedo en oportunidad, hablando y actuando con fe, es mejor que congelarse con el miedo.
Determinación, orden disciplina, límites claros, comunicación real, es lo que nos hace falta.
Si existe desconfianza en las autoridades, en el mundo, ¡Es momento de hacer algo al respecto! ¿Qué es lo que depende de ti? ¿Qué haces con la desconfianza? Puedes levantar tu voz, puedes empezar contigo y con tu casa, tu colonia, tu ciudad y con tu país. ¿Qué aportas tú para que esto esté sucediendo? Quejarse no soluciona nada, ni mucho menos esparcir rumores que no estén comprobados.
Participa, opina, aporta posibilidades, actúa conforme a lo que crees, habla, escribe,
¿Qué sugieres? ¿Tienes alguna solución? Si no vas a hacer nada al respecto, cuando menos guarda silencio y no compartas tu miedo y tu desolación con nadie, eso no te sirve a ti ni a nadie.
Lo que si hace falta es mantenerse unidos, resolver y poner cada uno su parte para que las cosas funcionen para bien tuyo y el de todos. ¡Todo se puede aprender!11111111111
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